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miércoles, 4 de enero de 2023

La LUZ que brilló en NAVIDAD...durante la NOCHE... (Benedicto XVI)



Hola, queridos hermanos!! :
el tiempo luminoso de la EPIFANÍA (manifestación)... sea un tiempo de fe!!.. , pues la Palabra de Dios se cumple!!!...
Recordemos que la ESTRELLA DE BELÉN...precisamente se hace más fuerte, más luminosa en la gran noche de la humanidad...como sucede en nuestras vidas...en la "noche oscura" propia de la de existencia humana, pues habitamos en la tierra y todavía no estamos en el CIELO... Dios siempre se manifiesta abiertamente y fecunda la vida de sus hijos, ...pero solo los humildes verán su gran resplandor...

A continuación, les dejo un texto bellísimo del gran Papa emérito, Benedícto XVI...les encantará!!..
Que este gran y santo sacerdote diocesano, que marchó a la Casa Paterna justo el último día del 2022, cerrando así este año con "broche de oro"; pues no siempre un amado Papa, yá Doctor de la Iglesia por VOX POPULI...prepara sus últimos días para presentarse ante el PADRE ETERNO y orar por nuestra santa madre la Iglesia...

Toda su teología se sintetiza en una sola palabra : "FE"... que el Paráclito nos ayude a sumergirnos en su vasto patrimonio espiritual y teológico!!!...
Dios mediante, nos vemos en el CIELO !!!...




SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Basílica de San Pedro
Viernes 6 de enero de 2006



Queridos hermanos y hermanas:

La luz que brilló en Navidad durante la noche, iluminando la cueva de Belén, donde permanecen en silenciosa adoración María, José y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a todos. 




La Epifanía es misterio de luz, simbólicamente indicada por la estrella que guió a los Magos en su viaje. Pero el verdadero manantial luminoso, el "sol que nace de lo alto" (Lc 1, 78), es Cristo.





En el misterio de la Navidad, la luz de Cristo se irradia sobre la tierra, difundiéndose como en círculos concéntricos. Ante todo, sobre la Sagrada Familia de Nazaret: la Virgen María y José son iluminados por la presencia divina del Niño Jesús.




La luz del Redentor se manifiesta luego a los pastores de Belén, que, advertidos por el ángel, acuden enseguida a la cueva y encuentran allí la "señal" que se les había anunciado: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cf. Lc 2, 12). 



Los pastores, junto con María y José, representan al "resto de Israel", a los pobres, los anawin, a quienes se anuncia la buena nueva. 





Por último, el resplandor de Cristo alcanza a los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. 





Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusalén, a donde, de forma paradójica, precisamente los Magos llevan la noticia del nacimiento del Mesías, y no suscita alegría, sino temor y reacciones hostiles. 




Misterioso designio divino: "La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eras malas" (Jn 3, 19).





Pero ¿qué es esta luz? ¿Es sólo una metáfora sugestiva, o a la imagen corresponde una realidad? El apóstol san Juan escribe en su primera carta: "Dios es luz, en él no hay tiniebla alguna" (1 Jn 1, 5); y, más adelante, añade: "Dios es amor". 





Estas dos afirmaciones, juntas, nos ayudan a comprender mejor: la luz que apareció en Navidad y hoy se manifiesta a las naciones es el amor de Dios, revelado en la Persona del Verbo encarnado. Atraídos por esta luz, llegan los Magos de Oriente.





Por tanto, en el misterio de la Epifanía, junto a un movimiento de irradiación hacia el exterior, se manifiesta un movimiento de atracción hacia el centro, con el que llega a plenitud el movimiento ya inscrito en la antigua alianza. 





El manantial de este dinamismo es Dios, uno en la sustancia y trino en las Personas, que atrae a todos y todo a sí. De este modo, la Persona encarnada del Verbo se presenta como principio de reconciliación y de recapitulación universal (cf. Ef 1, 9-10). 




Él es la meta final de la historia, el punto de llegada de un "éxodo", de un providencial camino de redención, que culmina en su muerte y resurrección. 




Por eso, en la solemnidad de la Epifanía, la liturgia prevé el así llamado "Anuncio de la Pascua": en efecto, el Año litúrgico resume toda la parábola de la historia de la salvación, en cuyo centro está "el Triduo del Señor crucificado, sepultado y resucitado".





En la liturgia del tiempo de Navidad se repite a menudo, como estribillo, este versículo del salmo 97: "El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia" (v. 2). Son palabras que la Iglesia utiliza para subrayar la dimensión "epifánica" de la Encarnación: el hecho de que el Hijo de Dios se hizo hombre, su entrada en la historia es el momento culminante de la autorrevelación de Dios a Israel y a todas las naciones. 




En el Niño de Belén Dios se reveló en la humildad de la "forma humana", en la "condición de siervo", más aún, de crucificado (cf. Flp 2, 6-8). Es la paradoja cristiana.




Precisamente este ocultamiento constituye la "manifestación" más elocuente de Dios: la humildad, la pobreza, la misma ignominia de la Pasión nos permiten conocer cómo es Dios verdaderamente. 





El rostro del Hijo revela fielmente el del Padre. Por ello, todo el misterio de la Navidad es, por decirlo así, una "epifanía". La manifestación a los Magos no añade nada extraño al designio de Dios, sino que revela una de sus dimensiones perennes y constitutivas, es decir, que "también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio" (Ef 3, 6).





A una mirada superficial, la fidelidad de Dios a Israel y su manifestación a las gentes podrían parecer aspectos divergentes entre sí; pero, en realidad, son las dos caras de la misma medalla. 




En efecto, según las Escrituras, es precisamente permaneciendo fiel al pacto de amor con el pueblo de Israel como Dios revela su gloria también a los demás pueblos. "Gracia y fidelidad" (Sal 88, 2), "misericordia y verdad" (Sal 84, 11) son el contenido de la gloria de Dios, son su "nombre", destinado a ser conocido y santificado por los hombres de toda lengua y nación.




Pero este "contenido" es inseparable del "método" que Dios ha elegido para revelarse, es decir, el de la fidelidad absoluta a la alianza, que alcanza su culmen en Cristo. 




El Señor Jesús es, al mismo tiempo e inseparablemente, "luz para alumbrar a las naciones, y gloria de su pueblo, Israel" (Lc 2, 32), como, inspirado por Dios, exclamará el anciano Simeón, tomando al Niño en los brazos, cuando sus padres lo presentarán en el templo. 




La luz que alumbra a las naciones —la luz de la Epifanía— brota de la gloria de Israel, la gloria del Mesías nacido, según las Escrituras, en Belén, "ciudad de David" (Lc 2, 4). 




Los Magos adoraron a un simple Niño en brazos de su Madre María, porque en él reconocieron el manantial de la doble luz que los había guiado: la luz de la estrella y la luz de las Escrituras. 





Reconocieron en él al Rey de los judíos, gloria de Israel, pero también al Rey de todas las naciones.




En el contexto litúrgico de la Epifanía se manifiesta también el misterio de la Iglesia y su dimensión misionera. La Iglesia está llamada a hacer que en el mundo resplandezca la luz de Cristo, reflejándola en sí misma como la luna refleja la luz del sol. 




En la Iglesia se han cumplido las antiguas profecías referidas a la ciudad santa de Jerusalén, como la estupenda profecía de Isaías que acabamos de escuchar: "¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz. (...) Caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora" (Is 60, 1-3). 




Esto lo deberán realizar los discípulos de Cristo: después de aprender de él a vivir según el estilo de las Bienaventuranzas, deberán atraer a todos los hombres hacia Dios mediante el testimonio del amor: "Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo" (Mt 5, 16).





Al escuchar estas palabras de Jesús, nosotros, los miembros de la Iglesia, no podemos por menos de notar toda la insuficiencia de nuestra condición humana, marcada por el pecado. 




La Iglesia es santa, pero está formada por hombres y mujeres con sus límites y sus errores. Es Cristo, sólo él, quien donándonos el Espíritu Santo puede transformar nuestra miseria y renovarnos constantemente. Él es la luz de las naciones, lumen gentium, que quiso iluminar el mundo mediante su Iglesia (cf. Lumen gentium, 1).




"¿Cómo sucederá eso?", nos preguntamos también nosotros con las palabras que la Virgen dirigió al arcángel Gabriel. Precisamente ella, la Madre de Cristo y de la Iglesia, nos da la respuesta: con su ejemplo de total disponibilidad a la voluntad de Dios —"fiat mihi secundum verbum tuum" (Lc 1, 38)—. 




Ella nos enseña a ser "epifanía" del Señor con la apertura del corazón a la fuerza de la gracia y con la adhesión fiel a la palabra de su Hijo, luz del mundo y meta final de la historia.

Así sea.






Gracias de todo corazón, 
querido Papa emérito,
descansa y disfruta de la LIBERTAD DE ESTAR EN LA CASA DEL PADRE, YÁ a tus 95 años!!...


Papa emérito Benedícto XVI:
- Joseph Aloisius Ratzinger -
Baviera (Alemania) 16 abril1927 - Ciudad del Vaticano 31 diciembre 2022
Ordenación diaconal : 29 octubre 1950
Ordenación sacerdotal : 29 junio 1951
Ordenación episcopal : 28 mayo 1977
Proclamación cardenalicia : 27 junio 1977
Pontificado : (8 años)
19 abril 2005 -  28 febrero 2013
Anuncio de dimisión :
Día de nuestra Sra. de Lourdes 
11 febrero 2013
Dimisión : 28 febrero 2013
"NO ME PREPARO PARA UN FINAL, 
SINO PARA UN ENCUENTRO" !!!!....




FUENTE : 

VATICAN.VA (Several languages)







SAGRADA FAMILIA:

rueguen por nosotros...

por nuestro mundo...

y para que sepamos respetar el DON DE LA VIDA!!..










viernes, 18 de febrero de 2022

Carta del #PapaEmérito Benedicto XVI. Sobre los abusos en la Arquidiócesis di Múnich y Freising





Queridos hermanos:
hay situaciones en las cuáles sí o sí nos debemos manifestar...
Me refiero exclusivamente a la situación creada y manipulada en torno a la persona del papa emérito Benedícto XVI.
Se le responsabiliza de apoyar a sacerdotes pederastas, de manera especial a uno que se incardinó en su diócesis.
Todos sabemos que no es un protector de pederastas, pero al mismo tiempo, todos sabemos su férrea acción anti pederastía, basta con revisar su profunda literatura legada a nuestra Iglesia y al mundo ( que por cierto, el título de Doctor de la Iglesia, sería un título muy justo a otorgarle, después de su llegada a la Casa Paterna!!..). 
El Papa emérito, pide perdón por el daño realizado, pero, tan igual como san Juan Pablo II, lo hizo en su momento. No es que deba admitir error alguno en concreto.



Por otro lado, la insensibilidad de estos grupos que buscan minar su honorabilidad y su intachable lucha contra el pecado en el interior de la Iglesia, especialmente en esta etapa final de su vida, olvidan precisamente que su DIMISIÓN, es un ejemplo palpable de su vocación de servicio en la verdad, de su honorabilidad como hombre; toma conciencia de la gravedad de los problemas en el seno de la Iglesia, es consciente de su debilidad que será creciente con el venir de los años - y que para ésto se necesita de una "mano dura y con menos años"- , y en una manifestación de gran HUMILDAD, decide dimitir, "hacerse a un lado, para rezar por la gran problemática que como Sumo Pontífice conoce, en espera de un nuevo Vicario de Cristo que Dios y el Espíritu Santo enviará para continuar lidiando, con la bestia revestida de mil formas en el interior de nuestra santa Madre, la Iglesia...






A continuación, les dejo el texto de la carta emitida por nuestro queridísimo Papa emérito Benedícto XVI :




Carta del Papa emérito Benedicto XVI

acerca del informe sobre los abusos
en la Arquidiócesis di Múnich y Freising

Ciudad del Vaticano, 6 de febrero de 2022


Queridas hermanas y queridos hermanos:

Tras la presentación del informe sobre los abusos en la arquidiócesis de Múnich y Freising el 20 de enero de 2022, quisiera dirigiros a todos vosotros unas palabras personales. En efecto, aunque fui arzobispo de Múnich y Freising menos de cinco años, sigo teniendo un profundo sentimiento de pertenencia a la arquidiócesis de Múnich como mi patria.





En primer lugar, me gustaría expresar unas palabras de sincero agradecimiento. En estos días de examen de conciencia y reflexión he experimentado tanto apoyo, tanta amistad y tantas muestras de confianza como no hubiera imaginado. Quisiera agradecer especialmente al pequeño grupo de amigos que redactó, con abnegación, mi memorial de 82 páginas para el bufete de abogados de Múnich, que no podría haber escrito solo. Además de las respuestas a las preguntas que me planteó el bufete, también se añadían la lectura y el análisis de casi 8.000 páginas de documentos en formato digital. Estos colaboradores me ayudaron después a estudiar y analizar el informe pericial de casi 2.000 páginas. El resultado se publicará más adelante, como suplemento a esta carta.





En la gigantesca tarea de aquellos días ―la redacción del pronunciamiento― se produjo un error en cuanto a mi participación a la reunión del Ordinariato del 15 de enero de 1980. Este error, que lamentablemente se produjo, no fue intencionado y espero que sea disculpado. Decidí, en su momento, que el arzobispo Gänswein lo hiciera presente en el comunicado de prensa del 24 de enero de 2022. Esto no disminuye en absoluto el cuidado y la dedicación que era y sigue siendo un imperativo evidente para esos amigos. Me afectó profundamente que el descuido se utilizara para dudar de mi veracidad, y presentarme incluso como mentiroso. Pero me han conmovido aún más las numerosas expresiones de confianza, los cordiales testimonios y las conmovedoras cartas de aliento que he recibido de tantas personas.

Estoy especialmente agradecido al Papa Francisco por la confianza, el apoyo y las oraciones que me ha manifestado personalmente.




Por último, quisiera agradecer a la pequeña familia del Monasterio “Mater Ecclesiae”, cuya comunión de vida en los momentos felices y en los difíciles me da esa solidez interior que me sostiene.




A las palabras de agradecimiento es necesario que siga ahora una confesión. Cada vez me llama más la atención que, día tras día, la Iglesia ponga al principio de la celebración de la Santa Misa ―en la que el Señor nos entrega su palabra y a sí mismo― la confesión de nuestras culpas y la petición de perdón. Rogamos públicamente al Dios vivo que perdone nuestra culpa, nuestra grande, grandísima, culpa. Está claro que la palabra “grandísima” no se aplica de la misma manera a cada día, a cada día en particular. Pero cada día me interpela si también hoy no deba hablar de grandísima culpa. Y me dice de forma consoladora que por muy grande que hoy sea mi culpa, el Señor me perdona, si me dejo examinar sinceramente por él y si estoy realmente dispuesto al cambio de mí mismo.




En todos mis encuentros con víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, especialmente durante mis numerosos viajes apostólicos, he percibido en sus ojos las consecuencias de una grandísima culpa y he aprendido a entender que nosotros mismos caemos dentro de esta grandísima culpa cuando la descuidamos o cuando no la afrontamos con la necesaria decisión y responsabilidad, como ha sucedido y sucede demasiadas veces. Como en aquellos encuentros, hoy nuevamente puedo sólo expresar a todas las víctimas de abusos sexuales mi profunda vergüenza, mi gran dolor y mi sincera petición de perdón. Ya que he tenido importantes responsabilidades en la Iglesia Católica, mayor es mi dolor por los abusos y errores que se han producido durante el tiempo de mi misión en los respectivos lugares. Cada caso de abuso sexual es terrible e irreparable. Me siento consternado por cada uno de ellos en particular, y a las víctimas de esos abusos quisiera hacerles llegar mi más profunda compasión.





Comprendo cada vez más la repugnancia y el miedo que Cristo experimentó en el Monte de los Olivos cuando vio todas las cosas terribles que debía superar interiormente. El hecho de que los discípulos estuvieran dormidos en ese momento representa, por desgracia, una situación que se repite incluso hoy y por la que también me siento interpelado. Por eso, sólo puedo elevar mis oraciones al Señor y suplicar a todos los ángeles y a los santos, y a vosotros, queridas hermanas y queridos hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

Muy pronto me presentaré ante el juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo cuando miro hacia atrás en mi larga vida, me siento sin embargo feliz porque creo firmemente que el Señor no sólo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya padeció Él mismo mis deficiencias y por eso, como juez, es también mi abogado (Paráclito). En vista de la hora del juicio, la gracia de ser cristiano se hace evidente para mí. Ser cristiano me da el conocimiento y, más aún, la amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte. A este respecto, recuerdo constantemente lo que dice Juan al principio del Apocalipsis: ve al Hijo del Hombre en toda su grandeza y cae a sus pies como muerto. Pero el Señor, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: «No temas: Soy yo...». (cf. Ap 1,12-17).

Queridos amigos, con estos sentimientos os bendigo a todos.

Benedicto XVI



[00192-ES.01] [Texto original: Alemán]






FUENTE:









ALGO MÁS AL RESPECTO :




Santo súbito | Actualidad Comentada | 11-2-2022 | Pbro. Santiago Martín FM | Magnificat.tv :






Informativo Semanal 16-2-2022 | Magnificat.tv | Franciscanos de María :







Que San José y María Virgen,
sometan al mal, a la serpiente antigua a sus pies,
como lo han hecho siempre...
Fortalezcan a nuestro querido papa emérito Benedícto XVI y lo afianzen siempre en le FE, en esta, su etapa final de peregrinación en este "valle de lágrimas"...
y poder reunirnos todos CON ALEGRÍA EXULTANTE en la JERUSALÉN CELESTIAL!!..
Oremos....