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sábado, 21 de septiembre de 2024

PADRE PÍO. Homilía de canonización. San Juan Pablo II (Fiesta litúrgica: 23 septiembre)

 















Queridos hermanos,

Padre Pío siempre será esa figura que nos recuerda la FE en Cristo Jesús y Cristo crucificado.

Su vida transcurrió en situaciones de dolor para él, de acusaciones falsas y deshonestas, de esa imperiosa necesidad de ayudar a los hermanos a reconducir sus vidas y que muchas veces se vio obligado a ser severo. Incluso fue herido y maltratado por el demonio. Fue censurado por sus estigmas y por los dones sobrenaturales que tenía. Pero, aún así, él abrazaba "su cruz". 

Su amor fiel a Jesucristo, lo constituye en un paladín de la Fe. Su oración asidua a la Madre Dios lo fortalece y le concede reciedumbre para vivir siempre de camino al Cielo y lograr la misión que Dios le había encomendado.

Les dejo la homilía del día de su canonización y que al mismo tiempo, su vida los fortalezca en la fe y en la lucha constante que debemos realizar para llegar al Cielo!!!...







CANONIZACIÓN DEL BEATO PÍO DE PIETRELCINA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Plaza de San Pedro, domingo 16 de junio de 2002





1. "Mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11, 30).




Las palabras de Jesús a los discípulos que acabamos de escuchar nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta solemne celebración. 





En efecto, en cierto sentido, podemos considerarlas como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.




La imagen evangélica del "yugo" evoca las numerosas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán suave es el "yugo" de Cristo y cuán ligera es realmente su carga cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se abre a perspectivas de un bien mayor, que sólo el Señor conoce.




2. "En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Ga 6, 14).




¿No es precisamente el "gloriarse de la cruz" lo que más resplandece en el padre Pío? ¡Cuán actual es la espiritualidad de la cruz que vivió el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza.




En toda su existencia buscó una identificación cada vez mayor con Cristo crucificado, pues tenía una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de modo peculiar en la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la cruz no se comprende su santidad.




En el plan de Dios, la cruz constituye el verdadero instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino propuesto explícitamente por el Señor a cuantos quieren seguirlo (cf. Mc 16, 24). 





Lo comprendió muy bien el santo fraile del Gargano, el cual, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribió:  "Para alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al divino Guía, que quiere conducir al alma elegida sólo a través del camino recorrido por él, es decir, por el de la abnegación y el de la cruz" (Epistolario II, p. 155).





3. "Yo soy el Señor, que hago misericordia" (Jr 9, 23).




El padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia. 




También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. 





El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de San Giovanni Rotondo. Aunque aquel singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, estos, tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.




Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante también hoy, como reafirmé en la Carta a los sacerdotes con ocasión del pasado Jueves santo.




4. "Tú, Señor, eres mi único bien".





Así hemos cantado en el Salmo responsorial. Con estas palabras el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todas las cosas, a considerarlo nuestro único y sumo bien.





En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario. 





Solía repetir:  "Soy un pobre fraile que ora", convencido de que "la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios". 




Esta característica fundamental de su espiritualidad continúa en los "Grupos de oración" fundados por él, que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. 





Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la "Casa de alivio del sufrimiento". Oración y caridad:  he aquí una síntesis muy concreta  de la enseñanza del padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos.




5. "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque (...) has revelado estas cosas a los pequeños" (Mt 11, 25).





¡Cuán apropiadas resultan estas palabras de Jesús, cuando te las aplicamos a ti, humilde y amado padre Pío!




Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.




Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.




Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.




Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.





Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.




Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, 




a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 




Amén.





FUENTE : La Santa Sede (Several languages)



NOTA: Si gustas puedes visitar temas alusivos...


- UOMINI. PADRE PÍO. RELIGIOSO/SACERDOTE/ESTIGMATIZADO.(O.F.M.Cap.). FIESTA LITÚRGICA: 23 SEP. (1887 - 1968)  ITALIA (+81 años)


- FILMS :


- PADRE PÍO :

*Sergio Castellito

De : Carlo Carlei

Mediatrade

ITALIANO



- PADRE PIO :

* De : Rudolph Gentile / Marco Dell'Utri

Mondo TV.SPA. 2006





- LA NOCHE DEL PROFETA :

*Sergio Fiorentini

Dir : Jean-Marie Benjamin

Tau Production.1995

ITALIANO




- EL PADRE PÍO Y EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN :

* Mi familia católica













SAN JOSÉ.

así como guiaste a la SAGRADA FAMILIA,

condúcenos siempre a la CASA PATERNA!!!...










viernes, 20 de septiembre de 2024

PADRE PÍO. Homilía de beatificación. San Juan Pablo II (Fiesta litúrgica: 23 septiembre)
















Queridos hermanos, 

creo que no hay lugar donde no se conozca la santidad de este sacerdote de Dios.

La fama de su personalidad santa, su amor a Dios, su ejemplar consagración sacerdotal y la "cruz" de su vida...y, si a todo ello, agregamos, los dones místicos concedidos por nuestro Padre Dios. Es que resulta uno de los santos contemporáneos más "Sui generis"...

Particularmente le tengo mucha devoción, y soy también "su hija espiritual" (les paso un dato: hace grandes milagros!!!).... su historia fortalece nuestra fe y nos anima a seguir caminando con ilusión siempre renovada en la "porción de la Iglesia", que nuestro buen Dios nos va asignando.

A mí, no me llama la atención sus estigmas o sus dones sobrenaturales (penetrabilidad de los corazones, bilocación, etc)...lo que me fascina de él es : su amor a la santa Madre Iglesia (santa y meretriz)... y su lucha por salvar el alma de las personas e invitarlas a construir, fortalecer, integrarse a la Iglesia de Cristo. Sus obras sociales son digno reflejo de todo ello.

A continuación, les dejo el texto homilético del día de su beatificación...espero que les guste mucho y que los fortalezca en la fe!!!...



HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

DURANTE LA MISA DE BEATIFICACIÓN

DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA

Domingo 2 de mayo de 1999




1. «¡Cantad al Señor un cántico nuevo!».




La invitación de la antífona de entrada expresa la alegría de tantos fieles que esperan desde hace tiempo la elevación a la gloria de los altares del padre Pío de Pietrelcina. Este humilde fraile capuchino ha asombrado al mundo con su vida dedicada totalmente a la oración y a la escucha de sus hermanos.




Innumerables personas fueron a visitarlo al convento de San Giovanni Rotondo, y esas peregrinaciones no han cesado, incluso después de su muerte. Cuando yo era estudiante, aquí en Roma, tuve ocasión de conocerlo personalmente, y doy gracias a Dios que me concede hoy la posibilidad de incluirlo en el catálogo de los beatos.




Recorramos esta mañana los rasgos principales de su experiencia espiritual, guiados por la liturgia de este V domingo de Pascua, en el cual tiene lugar el rito de su beatificación.





2. «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios; creed también en mí» (Jn 14, 1). En la página evangélica que acabamos de proclamar hemos escuchado estas palabras de Jesús a sus discípulos, que tenían necesidad de aliento. En efecto, la mención de su próxima partida los había desalentado. Temían ser abandonados y quedarse solos, pero el Señor los consuela con una promesa concreta: «Me voy a prepararos sitio» y después «volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros» (Jn 14, 2-3).




En nombre de los Apóstoles replica a esta afirmación Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5). La observación es oportuna y Jesús capta la petición que lleva implícita. La respuesta que da permanecerá a lo largo de los siglos como luz límpida para las generaciones futuras. «Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6).




El «sitio» que Jesús va a preparar está en «la casa del Padre»; el discípulo podrá estar allí eternamente con el Maestro y participar de su misma alegría. Sin embargo, para alcanzar esa meta sólo hay un camino: Cristo, al cual el discípulo ha de ir conformándose progresivamente. 




La santidad consiste precisamente en esto: ya no es el cristiano el que vive, sino que Cristo mismo vive en él (cf. Ga 2, 20). Horizonte atractivo, que va acompañado de una promesa igualmente consoladora: «El que cree en mí, también hará las obras que yo hago, e incluso mayores. Porque yo me voy al Padre» (Jn 14, 12).




3. Escuchamos estas palabras de Cristo y nuestro pensamiento se dirige al humilde fraile capuchino del Gargano. ¡Con cuánta claridad se han cumplido en el beato Pío de Pietrelcina!




«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios...». La vida de este humilde hijo de san Francisco fue un constante ejercicio de fe, corroborado por la esperanza del cielo, donde podía estar con Cristo.




«Me voy a prepararos sitio (...) para que donde estoy yo estéis también vosotros». ¿Qué otro objetivo tuvo la durísima ascesis a la que se sometió el padre Pío desde su juventud, sino la progresiva identificación con el divino Maestro, para estar «donde está él»?




Quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse, descubría en él una imagen viva de Cristo doliente y resucitado. 




En el rostro del padre Pío resplandecía la luz de la resurrección. Su cuerpo, marcado por los «estigmas», mostraba la íntima conexión entre la muerte y la resurrección que caracteriza el misterio pascual. 





Para el beato de Pietrelcina la participación en la Pasión tuvo notas de especial intensidad: los dones singulares que le fueron concedidos y los consiguientes sufrimientos interiores y místicos le permitieron vivir una experiencia plena y constante de los padecimientos del Señor, convencido firmemente de que «el Calvario es el monte de los santos».




4. No menos dolorosas, y humanamente tal vez aún más duras, fueron las pruebas que tuvo que soportar, por decirlo así, como consecuencia de sus singulares carismas. Como testimonia la historia de la santidad, Dios permite que el elegido sea a veces objeto de incomprensiones. Cuando esto acontece, la obediencia es para él un crisol de purificación, un camino de progresiva identificación con Cristo y un fortalecimiento de la auténtica santidad. 




A este respecto, el nuevo beato escribía a uno de sus superiores: «Actúo solamente para obedecerle, pues Dios me ha hecho entender lo que más le agrada a él, que para mí es el único medio de esperar la salvación y cantar victoria» (Epist. I, p. 807).




Cuando sobre él se abatió la «tempestad», tomó como regla de su existencia la exhortación de la primera carta de san Pedro, que acabamos de escuchar: Acercaos a Cristo, la piedra viva (cf. 1 P 2, 4). De este modo, también él se hizo «piedra viva», para la construcción del edificio espiritual que es la Iglesia. Y por esto hoy damos gracias al Señor.





5. «También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu» (1 P 2, 5).




¡Qué oportunas resultan estas palabras si las aplicamos a la extraordinaria experiencia eclesial surgida en torno al nuevo beato! Muchos, encontrándose directa o indirectamente con él, han recuperado la fe; siguiendo su ejemplo, se han multiplicado en todas las partes del mundo los «grupos de oración». A quienes acudían a él les proponía la santidad, diciéndoles: «Parece que Jesús no tiene otra preocupación que santificar vuestra alma» (Epist. II, p. 155).




Si la Providencia divina quiso que realizase su apostolado sin salir nunca de su convento, casi «plantado» al pie de la cruz, esto tiene un significado. Un día, en un momento de gran prueba, el Maestro divino lo consoló, diciéndole que «junto a la cruz se aprende a amar» (Epist. I, p. 339).




Sí, la cruz de Cristo es la insigne escuela del amor; más aún, el «manantial» mismo del amor. El amor de este fiel discípulo, purificado por el dolor, atraía los corazones a Cristo y a su exigente evangelio de salvación.



6. Al mismo tiempo, su caridad se derramaba como bálsamo sobre las debilidades y sufrimientos de sus hermanos. El padre Pío, además de su celo por las almas, se interesó por el dolor humano, promoviendo en San Giovanni Rotondo un hospital, al que llamó: «Casa de alivio del sufrimiento». 




Trató de que fuera un hospital de primer rango, pero sobre todo se preocupó de que en él se practicara una medicina verdaderamente «humanizada», en la que la relación con el enfermo estuviera marcada por la más solícita atención y la acogida más cordial. Sabía bien que quien está enfermo y sufre no sólo necesita una correcta aplicación de los medios terapéuticos, sino también y sobre todo un clima humano y espiritual que le permita encontrarse a sí mismo en la experiencia del amor de Dios y de la ternura de sus hermanos.




Con la «Casa de alivio del sufrimiento» quiso mostrar que los «milagros ordinarios» de Dios pasan a través de nuestra caridad. Es necesario estar disponibles para compartir y para servir generosamente a nuestros hermanos, sirviéndonos de todos los recursos de la ciencia médica y de la técnica.




7. El eco que esta beatificación ha suscitado en Italia y en el mundo es un signo de que la fama del padre Pío, hijo de Italia y de san Francisco de Asís, ha alcanzado un horizonte que abarca todos los continentes. Me complace saludar a cuantos han venido, comenzando por las autoridades italianas que han querido estar presentes: el señor presidente de la República, el señor presidente del Senado, el señor presidente del Gobierno, que encabeza la delegación oficial, así como numerosos ministros y personalidades. Italia está ciertamente bien representada. Pero también se hallan presentes numerosos fieles de otras naciones, que han venido para honrar al padre Pío.




A todos los que han venido, de cerca o de lejos, y en especial a los padres capuchinos, les dirijo un afectuoso saludo. A todos, gracias de corazón.




8. Quisiera concluir con las palabras del Evangelio proclamado en esta misa: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios». Esa exhortación de Cristo la recogió el nuevo beato, que solía repetir: «Abandonaos plenamente en el corazón divino de Cristo, como un niño en los brazos de su madre». Que esta invitación penetre también en nuestro espíritu como fuente de paz, de serenidad y de alegría. ¿Por qué tener miedo, si Cristo es para nosotros el camino, la verdad y la vida? ¿Por qué no fiarse de Dios que es Padre, nuestro Padre?




«Santa María de las gracias», a la que el humilde capuchino de Pietrelcina invocó con constante y tierna devoción, nos ayude a tener los ojos fijos en Dios. Que ella nos lleve de la mano y nos impulse a buscar con tesón la caridad sobrenatural que brota del costado abierto del Crucificado.




Y tú, beato padre Pío, dirige desde el cielo tu mirada hacia nosotros, reunidos en esta plaza, y a cuantos están congregados en la plaza de San Juan de Letrán y en San Giovanni Rotondo. 




Intercede por aquellos que, en todo el mundo, se unen espiritualmente a esta celebración, elevando a ti sus súplicas. Ven en ayuda de cada uno y concede la paz y el consuelo a todos los corazones.


Amén.




FUENTE : La Santa Sede



NOTA: Si gustas puedes visitar temas alusivos...


- UOMINI. PADRE PÍO. RELIGIOSO/SACERDOTE/ESTIGMATIZADO.(O.F.M.Cap.). FIESTA LITÚRGICA: 23 SEP. (1887 - 1968)  ITALIA (+81 años)


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SAN JOSÉ, 

ruega por nosotros y por el mundo entero...